Tan cerquita que lo tenía y todavía no me había dignado a visitar Praga. Más vale tarde que nunca. Si además es con buen tiempo y mejor compañía, qué más se puede pedir
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Descartada la visita a Venecia (por el precio del tren) había que buscar alguna alternativa para viajar este fin de semana, pues ya llevaba casi 3 semanas sin salir de aquí; desde la visita a España. Dado que nuestros compañeros de Budapest planeaban ir por allí, decidimos que teníamos la excusa perfecta para arreglar la cuenta pendiente con Praga.
Unos 12 becarios de budapest, 6 vieneses y toda la tropa praguense, auguraban un finde tipo Roma-Connection, con turismo, fiesta y diversión. La previsión meteorológica nos tenía, sin embargo, un poco inquietos antes de partir, pues las inundaciones en la República Checa están siendo notables, incluso causando algún muerto. Lo cierto es que no las tenía todas conmigo cuando me monté en el autobús rumbo a Praga. Afortunadamente no hubo ningún problema y a eso de las 22:00 ya estábamos en nuestro destino, donde fuimos recibidos por Álvaro, homólogo (que no homónimo, gracias Banyú) informático en dicha ciudad.
Viernes
Tras el necesario paso por casa de Álvaro a dejar los equipajes, nos reunimos con el petit-comité de Budapest (David, Vicente, Silvia, Ruth y Miguel, su hermano) e iniciamos nuestro primer recorrido turístico por la ciudad, en una noche más que agradable. Es una pena que no cogiera mi cámara para intentar hacer alguna foto nocturna chula, aunque la verdad es que no he tenido un fin de semana reseñable en cuanto a inspiración fotográfica…
Tras el “extenuante” paseo de unos 30 minutos había que reponer líquidos. Terminamos en una cervecería céntrica, donde beber un par de cervezuelas rodeados de ingleses y ambientados con música ochentera. Ahí estaban Mirja y Silvia dándolo todo… sólo les faltó lanzar la ropa interior a la tele cuando puesieron el vídeo de un tal Jason Donovan (que a mí me suena a personaje de V). Rondando las 3:00 plegamos velas para estar enteros en la jornada de turismo del sábado. Vicente y yo fuimos los únicos reticitentes a descartar una noche de juerga, de la que al día siguiente nos llegaron ecos que fué bastante potente…
Sábado
Un tempranero despertar nos hizo disfrutar de una mañana maravillosa, con el cielo azul y el sol obligándonos a andar en mangas de camisa. Realizamos un recorrido típico, empezando con la torre de la pólvora para luego ir a la plaza del reloj (viendo cómo marcaba las 11).
Jazz en Praga (clicka!)
Después nos dirigimos al barrio judío, a pesar de ser sábado, para echar un vistazo a las sinagogas y al famoso cementerio. La verdad es que esta mañana me trajo muchos y muy gratos recuerdos del interrail realizado por estas tierras durante el verano.
El grupete de intrépidos (clicka!)
Tras pasar junto a la estatua de Dvorak cruzamos el Moldava para dirgirnos a la zona del castillo.
Estatua de Dvorak con la torre-mirador al fondo
Cruzando el Moldava
Allí nos encontramos con la organización de la media maratón de Praga. Tal cansancio nos entró de ver a la gente a punto de meterse 21 kilómetros entre pecho y espalda, que decidimos detenernos en una cafetería a disfrutar de un refrigerio.
Refrigerio rodeados de atletas
De nuevo cruzamos el Moldava, esta vez por el famoso puente de Carlos IV, para volver a la zona centro y allí encontrarnos con los refuerzos vieneses, llegados a media mañana. Finalmente sólo Juan y Stephanie pudieron acompañarnos, pues María y Nacho tuvieron algunas complicaciones. Estando el grupo al completo y con el estómago lleno, era el momento de ir a por el plato fuerte del día: la visita al castillo. A pesar de haber bastantes turistas, no tenía nada que ver con las aglomeraciones que vivimos en el mes de julio. Si bien no pudimos entrar a la catedral, si pudimos entrar gratuitamente al Camino Dorado, callecita con pequeñas casas convertidas en tiendas de souvenirs, y por la que nunca os recomendaría pagar por entrar, todo sea dicho.
El petit-comite haciendo piña
Otra vez cruzamos el puente de Carlos IV (y es que hemos ido de orilla a orilla unas cuantas veces) para dirgirnos a un café donde tomar unos deliciosos crepes que a posteriori hicieron estragos con mi estómago. Estuve a punto de dejarme la cámara colgada en la silla, pero mi sentido arácnido me hizo reaccionar cuando estábamos saliendo del local. ¡Menos mal! Poco después nos dirigimos a nuestros respectivos hogares para descansar y reponer fuerzas para la noche.
A eso de las 22:30 nos reunimos Juan, Stephanie, Mirja y yo para cenar en un restaurante/garito “super guay”, llamado Radost (felicidad en checo), en el que tanto la música como la decoración llegaban a lo desconcertante por su heterogéneidad. La comida fue orginal, vistosa, abundante y sabrosa. Yo tomé un Burrito FX que fue una auténtica bomba, pues he tenido la sensación de estar lleno hasta esta misma mañana. Terminamos a eso de las 2:00, momento en el cual intenté reunirme con Álvaro en el local donde dijo que estarían tras ver el partido. Llegamos demasiado tarde… ¡¡será posible que no nos hayamos tomado ni una cerveza juntos en Praga!! La próxima vez no te escapas y será lo primero que hagamos. La noche no dió para mucho más, sólo otro garito y una cervezuela. Y es que el Burrito FX estaba limitando mis posibilidades de movimiento hasta límites insospechados…
Domingo
De nuevo madrugón. El plan es visitar Vysehrad, parte más antigua de Praga, y que no vi en mi viaje interrailero. Allí dimos un paseo con impresionantes vistas de la ciudad y del río, al tiempo que rodeábamos una iglesia de considerables dimensiones.
Melenas (o no tanto) al viento
Iglesia en Visehrad (clicka!)
Mercadillo en el centro (clicka!)
Por la mañana hubo momentos de incertidumbre, al preparar mi equipaje y comprobar que había perdido el billete de vuelta. Afortunadamente estaba en la lista de pasajeros y eso me bastó para tomar el autobús sin problema. Hubo tiempo de relajarse al sol, antes de despedirme de nuestro hospitalario anfitrión y partir rumbo a Viena.
Los domingos al sol
Lo bueno que tiene compartir piso es que puedes llegar baldado del fin de semana y encontrarte el domingo con una fiestecilla de tu compañera de piso en casa… y aunque no duermas mucho por lo menos tienes la cena hecha
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