O lo que es lo mismo… un festival de danza en el que no se baila. Creo que me estoy haciendo viejo porque ya no entiendo esos espectáculos alternativos donde la provocación al espectador raya el insulto. Dos obras he ido a ver y dos veces me he ido decepcionado a casa. Desperdicio de 40 € en entradas, 160 € en total si contamos a mis 3 acompañantes, que hemos sentido como una auténtica estafa.
“No Paraderan”
La obra transcurre en un escenario en el que nunca se levantará el telón, frente a un espectador al que continuamente se le habla sobre el gran personaje que en algún momento entrará en escena para deleitarnos con sus habilidades artísticas, lo que nunca llega a ocurrir.
Todo comienza con dos bailarinas realizando coreografías simultáneas pero independientes, esperpénticas e ininteligibles. A partir de ahí todo fue una sucesión de diálogos ligeramente humorísticos sin danza alguna, acompañados de pequeños gags gestuales. Uno de los momentos más exasperantes fué cuando una figura solitaria en el escenario daba una palmada cada varios minutos, sin razón aparente, sin realizar ningún movimiento más… y lo demás no fue mucho mejor.
En el momento de la despedida, los actores se marchaban de uno en uno, y el primero de ellos rogó al público despedirle con silbidos y abucheos, algo que no nos costó mucho por supuesto. Viendo que cada uno de la decena de intérpretes pensaba hacer una despedida similar (en cuanto a duración al menos), decidimos abandonar la obra sin verla concluir (y desde luego, no fuimos los primeros).
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Una opinión más entendida
“The Show Must Go On”
Esta obra no despertó en mí la antipatía que sí hizo la anterior, sino todo lo contrario, pero ni mucho menos mereció el precio que pagamos por ella. Si hubiera sido un espectáculo en la calle, gratuito, en el que todo el público participara me hubiera gustado bastante…
Un grupo de bailarines que parecían escogidos en la calle, al azar, interpretaron canciones de sobra conocidas (tarareé unas cuantas) durante aproximadamente una hora. No suena mal, si no fuera porque en al menos 5 de las aproximadamente 15 canciones ni siquiera aparecían en el escenario, y en muchas de las otras las coreografías eran más que limitadas (la macarena, darse un abrazo con el estribillo del tema paseando el resto del tiempo, repetir un movimiento durante toda la canción, …). Estas coreografías simples y repetitivas se volvían insoportables teniendo en cuenta que los temas escogidos se reproducían íntegramente.
La verdad es que debemos ser muy exigentes, porque gran parte del público les ovacionó al final de la actuación (esta vez si nos quedamos hasta el fin). Os diría las cosas que me gustaron, pero el mal sabor de boca tras ambos espectáculos me lo impide.
Más:
Un informador más instruido
Yo sólo quería ver bailar… que le cambien el nombre al festival per favoreeee…
Ah sí… voy a intentar que me devuelvan la pasta
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