Sanos y salvos
Y es que en este caso la expresión viene al pelo. Han sido 4 maravillosos días de llamémosle alpinismo en los Dolomitas, de los que os podría contar muchos detalles, y espero hacerlo cuando el tiempo y las ganas me acompañen, porque creo que merece la pena.
Ahora me voy a limitar a regocijarme de que todos hayamos salido ilesos del único momento de claro peligro que tuvimos en la excursión, pero que realmente me hizo temer por la vida de alguno de mis compañeros. Fueron unos de los minutos más largos de mi vida, mientras contemplaba con angustia como uno a uno los integrantes del grupo cruzaban una franja de unos 10 metros donde el peligroso camino que veníamos recorriendo desaparecía para convertirse en un tobogán de roca desprendida, bajo cuya superficie se escuchaba el murmullo del agua procedente del deshielo y cuyo final estaba varios cientos de metros más abajo.
Si tuve miedo al cruzarlo intentado agarrarme a unos trozos de pared que se desprendían sin oponer resistencia, intentando apoyar mis pies en las rocas que aparentaban ser más fiables, mucho mayor fue cuando desde la aparente seguridad de un camino aún incierto, esperaba a que todos lo consiguieran del mismo modo. Los rugidos de una tormenta que se aproximaba no ayudaban a calmar mi inquietud. El momento de mayor tensión fue cuando onservé como la única chica que nos acompañaba era incapaz de moverse, presa del miedo, y como uno de mis compañeros cruzaba con ella cogido de la mano, aumentando considerablemente las probabilidades de que las rocas se deslizaran bajo sus pies.
Esta es la única foto que me atreví a hacer, temeroso de capturar alguna imagen de una tragedia. Cada vez que la veo me entran escalofríos, a pesar de que no se ve la zona realmente comprometida (justo antes de las dos personas que esperan paradas). Realmente no creo que podáis apreciar lo delgada que era la línea que nos separaba de un fatal accidente.
Afortunadamente todo salió bien, y horas más tarde, completamente calados por la tormenta de granizo que finalmente nos alcanzó, llegamos al refugio. Ahí podéis verme descansando, sentado sobre mi cama… quizá fué la adrenalina la que me ha cambiado el color de ojos…
… o quizá soy una persona distinta.


Decidisteis jugaros la vida y ganasteis la partida. Enhorabuena.
Comment by becairo — 24/08/2006 @ 8:49
Enhorabuena!! Pero lanzo una pregunta al aire… ¿merecía la pena el riesgo? No sé, quizá había alguna forma de evitar jugar con la muerte….
Comment by prazsky — 24/08/2006 @ 9:18
Me uno a la pregunta de Praga: ¿realmente merecia la pena, o es que no fuisteis conscientes del peligro?
Comment by David — 24/08/2006 @ 9:43
Me alegro de que no pasara nada. A toro pasado, ¡qué bien vienen ese tipo de momentos que te hacen valorar más cada minuto que disfrutas, y los de los que te rodean!
Comment by Banyuken — 24/08/2006 @ 10:03
Lo cierto es que la opción de volver hacia atrás podría ser casi igual de peligrosa. Sólo tenéis que intentar adivinar en la foto el camino por el que descendíamos y haceros una idea. Tampoco podemos olvidar el factor meteorológico y el temporal…
Pero ciertamente fue algo demasiado arriesgado y yo no volvería hacerlo, aunque alguno en el grupo dijo que sí que lo repetiría.
Comment by Dubo — 24/08/2006 @ 10:05