Dicen que todos los caminos llevan a Roma, pero yo no sé cómo lo hago que siempre termino en Budapest
. Será porque me pilla aquí al lado. Será porque la gente de allí me hace sentirme como en casa y disfrutar de cada minuto que paso con ellos.
Además, este fin de semana se ha producido un nuevo encuentro cósmico entre 4 becarios de informática ICEX venidos de lugares dispares. Ahí estaba David, de Budapest, como anfitrión, Banyú, de Bucarest, estandarte sevillista (¿te hiciste la foto con la bandera?) y Armando, de Sofía, con el que por desgracia poco coincidimos.
Mi blog es mi diario… así que voy a apuntar lo que hicimos esos días antes de que el alzheimer los borre de mi memoria.
El viernes fue un día tranquilo. Tras llegar allí y saludar a todos los compañeros budapestianos y conocer a las nuevas incorporaciones de la Cámara Vasca, fuimos a cenar a una pizzería y a tomar unas birras en uno de sus garitos habituales. De vuelta a casa, dos decepciones. La primera, que no había chavalas para dormir con nosotros, como David nos había vendido antes de ir. Y la segunda, que debido a esto sobraban camas y no tendría que compartir lecho con Banyú
. Menos mal que el anfitrión nos obsequió con manjares traidos de España con los que calmar nuestros espíritus, y así nos fuimos a dormir como unos benditos.
Desyuno de los campeones (no, Armando no es el bote de cola-cao)
Al día siguiente, tras el desayuno de los campeones (con Cola-Cao importado), y dado que era la primera visita de Banyú a Budapest, nos dimos el primer paseo turístico, comprobando como por el Danubio navegaban inmensas placas de hielo, que nos hicieron acordarnos de nuestros compañeros de destinos más cálidos. Como suele ocurrir en estos recorridos turísticos, terminamos en un restaurante poniéndonos moraos.
El niño de la barandilla
Tras el homenaje, nos reunimos con la tropa llegada de Sofía, con los que fui a ver Buda. Creo que nunca me cansaré de esas vistas de noche…
Esta vez venía con cámara y no quise perder la oportunidad de sacar algunas fotos, para quitarme la espinita de visitas anteriores.
Bastion de los pescadores

Puente de las cadenas (ojito a los icebergs del Danubio)
El plan para la cena era ir a un restaurante japonés, pues teníamos cuerpo de sushi. Como somos españoles, se nos hizo tarde para ir y terminamos haciendo un pedido teléfonico. La cosa es que pedimos para 8, que al final fuimos 4 para cenar y que además el tamaño del sushi era el doble del habitual. Conclusión: cada uno tocábamos a 4 cenas japonesas. Malameeeent!! Así que al pobre Vicente le dejamos sushi en casa para una semana
.
Tras alguna copichuela (joer cómo las cargan las valencianas) partimos hacia un garito (creo que se llamaba Piaf) en el que desmadrarse. Me gustó el sitio, a pesar de que pagamos por entrar (con consumición). Buena música, mucha gente bailando, chavalas locales que te tiran cerveza por encima para luego arrimarse, … en fin, esas cosas que nos molan de este tipo de locales
.
Uno de los momentos culminantes fue cuando una hembra entrada en años comenzó a molarse a sí misma, mirándose con lujuria y magreándose, haciendo como que recolocaba su artillería. No sabría describirlo con palabras, sólo puedo decir que la tía iba más caliente que el tubo de escape del Apolo XIII. Ahí estabamos el Banyú, David y yo, contemplando atónitos e inmortalizando el evento con la cámara del primero. Lamentablemente la cámara desapareció del bolsillo de Banyú aquella noche en aquel bar… cabrones!!
A eso de las siete volvimos a casa de Vicente, para repartirnos entre camas y silla… y me tocó silla, aunque era bastante cómoda, todo sea dicho.
El domingo se pasó volando. Tras pasar escasas horas en la silla, de nuevo nos pusimos en movimiento para enseñarle Buda al Banyú. De día no tiene el mismo encanto, pero sigue siendo una visita recomendable.
Después sólo hubo tiempo para comer y despedirnos. David y yo acompañamos a nuestro querido rumano a coger un tren, con 14 horas de viaje a Bucarest por delante, en las que seguro que tuvo tiempo de recordar el fin de semana y sonreir por los buenos momentos pasados.
Trio de informáticos (no, Armando no es el niño de la barandilla)
¡¡Se repetirán chavales!! ¡¡Tarde o temprano!!