Sí, la verdad es que ha tardado un poco, pero este fin de semana por fin tuve mi primera visita en casa. Gracias a Paco, el ordenanza de la oficina, he conseguido un colchón hinchable que está muy bien, y que probablemente heredaréis como lecho las próximas visitas.
Desde Budapest nos llegó un tren cargado con 4 becarios magiares a los que hay que añadir otra moza llegada de París. A saber: David (apañero conformático, más conocido como Bob Esponja), Silvia (la siciliana), Vicente (the mexican), Juan y Julie. Estos dos últimos han pasado el finde con Laura (bécari), y no les hemos visto el pelo… así que se quedan sin paréntesis aclaratorio
.
El viernes comenzó con una cenita en un típico restaurante austriaco, en el que he tomado mi primer “pescao” (aparte de las latas de atún
) desde que llegué de Spanien. Tengo que mejorar mi acento, porque intenté pedir una cerveza y el tío me entendía vino blanco…
Después directitos al Wirr, un garito bastante chulo de dos plantas en el que hemos socializado con una mejicana y sus amigos austríacos. Mi acento ha mejorado después de un par de birras
. Estos austriacos son un poco raros. No solo beben vino con agua y desfasan aleatoria y discontinuamente, sino que a eso de las 2:00 un par de ellos han comenzado algo parecido a un striptease tirando la cerveza al resto de la discoteca y metiéndose posteriormente los vasos en los pantalones, buscando sin éxito alguna valiente que los recuperara. Después de esto no pudimos hacer otra cosa que marchar cabizbajos de vuelta a casa.
Al día siguiente no pude acompañar por la mañana a los húngaros, pues tenía entrevista con la que va a ser mi nueva compi de piso. Una rusa, de las de Siberia, que investiga en el laboratorio de Juan y a la que conocía de la fiestecilla de Halloween. No voy a realizar ningún comentario de esos que os gustan… pero sí, está fresca
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Me he reenganchado con los turistas en el Naschmarkt… algo así como un mercado de alimentación junto al que ponen un rastro con todo tipo de cacharros inútiles, entre otras cosas. Al final hemos comprado unos kebaps y algo de antipasti que hemos devorado en mi casa. Entre bocado y bocado, una gran conversación sobre los clubes de intercambio de parejas.
Ya con las pilas cargadas tocaba prepararse para la nuit. De nuevo me he desmarcado temporalmente de mi visita, pues había quedado para ver a la Selección. Un 5-1 le quita emoción al partido de mañana, pero seguro que será una gran fiesta en cualquier caso. Os contaré como nos van las cosas por tierras eslovacas.
Al final, nos hemos arrejuntado en un garito similar al de ayer, esta vez con los compis de piso de Mirja incluidos. Por lo visto tengo cara de consumir cocaína, o eso me ha comentado uno de ellos, pues lo primero que me ha preguntado es dónde comprarla y a qué precio. Según Mirja es humor alemán, pero yo debo ser muy corto… Luego vamos a otro bareto, el Chelsea, de esos que vienen en las guías, pero que no me ha convencido. Una noche larga pero nada especial.
De vuelta a casa, ni siquiera las llamadas de las prespitutas y los escaparates de los garitos de alterne distraen mi mente de la rasca que hace… el viento aquí ultracongela que da gusto. Creo que puedo ir apagando la nevera.
El domingo tocó más turismo, más comida, más chocolate, más tarta… y la inevitable despedida.
Un hasta pronto, pues en breve Mister Viena 2005/2006 se adentrará en territorio mayarul…